lunes, 21 de diciembre de 2009

Qué lástima, pero adiós!

Como bien dice Julieta Venegas.  Éste es el último post del blog, el número 80. 
¿Motivos? El más evidente es que tengo fiaca de escribir, pero también que tengo ganas de no hacer nada por al menos unos meses.

Vivo pensando que tengo que aprender esto o aquello, o que debería estar haciendo tal otra cosa.  Eso me liquida, me desgasta muchísimo, y creo que la única forma de recuperar energías es tomando la decisión de tener un tiempo de ocio.  Pensar en que estaba lavando los platos en lugar de estar escribiendo, aunque parezca una boludez (y lo es) me generaba una sensación horrible de "deber no cumplido", que estoy cansada de sentir.

Será la crisis de los 30 (ejem, me pasé un añito) o que terminé la carrera, pero me doy cuenta que mi manera de vivir ya no me funciona.  No la paso mal y en muchos aspectos soy feliz, pero siento la necesidad de salirme un poco de mis planes, de dejar de torturarme con lo que se supone que debería hacer a mi edad, con mis gustos y mis particularidades.

Me acostumbré tanto a planificar todo, a ponerme plazos, a obligarme a metas que hoy, con muy pocas cumplidas me siento aburrida de mí misma y de mis obsesiones. Por eso es que a partir de hoy me tomo unas vacaciones de mi misma, y eso implica dejar de contarles en este blog las cosas que pienso.

Deséenme suerte!

   

lunes, 23 de noviembre de 2009

Señoras: Basta


Me alegro que el periodismo argentino se haya metido (por el momento) la necrológica de Sandro en el traste, y de verdad, le deseo lo mejor al vecino de Banfield. Pero honestamente, me saca de quicio la corte de viejas rompebolas que se apostaron en la puerta del Hospital Italiano de Mendoza a cantarle "Dame fuego". ¿No se dan cuenta que ahí adentro hay personas enfermas que necesitan un poco de paz? El colmo de la locura lo leí hoy en Crítica, donde dicen que el médico cardiólogo debió negarles a "las nenas" la posibilidad de acceder al corazón del cantante, que lo querían preservar para su veneración.  Por Dios, ¡cómprense una vida!

viernes, 30 de octubre de 2009

Un parto


Finalmente, entregué la bendita tesina con la que me darán el título de licenciada en comunicación. Aunque me planteé hacerla lo más relajada posible, lo cierto es que terminé muerta de cansancio, y sobre todo HARTA de leer material "autoayuda" (de eso trata mi trabajo).
Como fue un parto, y porque también siento que se abre una nueva etapa en mi vida - aunque sea una en la que al no tener que estudiar tengo más tiempo - posteo esta bellísima foto de mi ahijado recién nacido.
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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Yo, por Mauriño



A una de mis mejores amigas le pidieron en la escuela que hiciera un retrato de las personas a las que quería mucho, et ¡voilá!  No sólo tengo el placer de su amistad, sino que encima ¡me encantó su trabajo! La idea debía partir de una foto y de un comentario acerca de lo que creo que debe reflejar un retrato.  La imagen que yo le mandé, créanme, era super "antiayuda": Yo, gorda, pálida y pelada, en la torre Eiffel, con un sol de frente que apenas me tapa un enrejado.  Por gracia del photoshop (o sea, el cariño que me tiene) me hizo pelo y usó unos colores divinos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Pregunta

¿A dónde van a parar todas las frustraciones?

jueves, 3 de septiembre de 2009


A menudo me extraño de las campañas oficiales para estimular la lectura. Pareciera que quienes las diseñan no hubieran agarrado un libro jamás. ¿A quién quieren convencer con la frase “leer hace bien”? En tiempos en que todo se calcula en términos productivos y económicos, algo tan abstracto e impreciso como “hacer bien” no resulta atractivo para nadie, ni siquiera para mí, que desde chica amo leer.

Leer es, en sí mismo, un proceso creativo, y ya por eso vale la pena la experiencia. A través de la lectura uno reinterpreta también pasajes de su vida, o sueña tener otra, o lo que sea, porque el atractivo de la lectura es que acompaña a la imaginación hacia dónde quieras ir.

Pienso esto mientras estoy a muy pocas hojas de finalizar un libro que de tanto que me gusta, no lo quiero terminar. Me pasa como a Joey, el de “Friends”, que cuando está leyendo “Mujercitas” y una de las protagonistas está por morir, él mete el libro en el congelador para frenar de algún modo el destino que le ha tocado en suerte a la pobre muchacha.

Yo no llego a ese extremo, pero casi. Tengo el libro sobre la mesita de luz, y dejo pasar unos días, hasta que maduro la idea de que voy a tener que desprenderme de esa hermosa compañía. Esto me pasa porque suelo encariñarme mucho con los personajes y hasta les pongo el rostro de una persona que quiero, entonces se me hace muy difícil despegarme de una historia que la hice tan mía que hasta la integré a mi vida. Por ejemplo, en el libro que estoy leyendo ahora, una de las protagonistas tiene 12 años, y se llama Paloma. Yo la veo con la cara de una de mis sobrinas, que tiene 9, sólo que la imagino un poquito más alta, con anteojos, y soy tan naba que cuando Paloma sufre, se me estruja el corazón de solo pensar que la Juani pueda sufrir así!

Más allá de mi hipersensibilidad aplicada a las historias ajenas, lo atractivo de la lectura es que te conecta (así de personal es) con otros mundos, pero también con el propio.


El dibujo es de www.danielcasado.com