Yo no sé quien me manda a ponerme un vestido para venir a trabajar que EVIDENTEMENTE me queda chico. Por un lado, (el de arriba), me ajusta, lo que me convierte en miel para un compañero moscardón. Por otro lado, a la altura del esófago, me presiona de tal manera que me siento encorsetada como mi vieja en la década del 60, y eso que yo no tengo su cintura.
Estoy tan fastidiosa, que cualquiera diría que estoy en mis días femeninos (la que me falta!!).
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