T. trabaja en una megaempresa, el sueño de toda su vida. Junto a ese anhelo estaba el de salir con una chica rubia, vivir en un departamento en Recoleta y manejar su propio auto. Tan ocupado estuvo en concretar sus sueños, que se olvidó de todo: de la generosidad de su abuela, del esfuerzo de su madre, de la amistad de sus primos. Eso es pasado, y a este chico del interior que imita los ticks de un treintañero neoyorkino, le suena a pesadilla.
T parece insensible a casi todo, pero se le hace un nudo en la garganta cuando recuerda que en su infancia en lugar de Nesquik, tomaba Vascolet. En su casa no había Coca Cola, y llevaba a la escuela hojas Gloria en lugar de Rivadavia. Todas esas penurias le fueron calando hondo al punto que al terminar el secundario decidió dar un portazo y arrancar una nueva vida donde las Nike desplazaran a las Diportto, y los Levi's a los Angelo Paolo.
Ahora que alcanzó la cima se siente vacío, y con la poca imaginación que le queda intenta crear algún objeto que nadie pueda poseer; para que otros sientan la angustia en la garganta que aún hoy, le provoca la palabra "Vascolet".
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