
Durante años - especialmente a partir de mi adolescencia - me sentí atraída por toda clase de libros, películas y series cuyo eje fuera el mundo femenino. Incluso aún hoy, creo que series como "Sex and the City" o el libro "Mal de amores" de Ángeles Mastretta, son buenas historias acerca de lo que vivimos como mujeres.
Sin embargo, desde hace bastante tiempo percibo una tendencia a categorizar a un grupo de productos culturales bajo el rótulo "Para mujeres", en donde, como siempre pasa, se crean allí estereotipos que aburren de tan obvios, anacrónicos y basados en prejuicios tontos. En resumen, parece que la industria se dio cuenta que una no sólo consume Skip, y le ha dado lugar a una caterva de congéneres que buscando el manguito (y un poco de protagonismo, por qué no) se han dedicado a contar nuestras peripecias en cuanto soporte se les ofrezca.
Entonces, en esta onda de narrar cómo las mujeres lloramos por el que nos dejó,(o porque no nos deje), sobre el miedo a morir solas o sobre todo lo que sufirmos cuando conocimos a un hombre "mamero", se repiten un sinfin de clichés, que me parece que no representan al universo femenino, o cuanto menos, al mío.
No entiendo por qué si hay escritoras tan talentosas y perceptivas, éstas se limitan a "inspirarse" en una popular tira estadounidense y "recrear" en otros términos los miedos de Miranda cuando se entera de la muerte de una vecina solterona, o a contar los chistes de Maitena, con otros nombres y sin su gracia. ¿Qué pasa? Llevan una vida idéntica a la de sus relatos, temen perder a su público (o que las dejen de querer, es lo mismo), o simplemente es pura fiaca mental combinada con una excesiva ansiedad literaria?
Mi caso es parecido al último, pero a la inversa: Pienso que vale la pena compartir otras cosas; que las mujeres experimentamos otras sensaciones además de vivir pendientes de los hombres, de las dietas y de las amigas roba - novio; que nos diferenciamos de los hombres en la manera de hacernos un espacio en el trabajo, en nuestra familia, y en nuestra vida en general, que muchas veces reproducimos conductas machistas sin darnos cuenta, que le echamos la culpa al mundo por exigirnos cuando la palabra "exigencia" la inventamos nosotras, y que casi siempre reclamamos que vuelva lo que nunca siquiera estuvo ni estará.
Lástima que yo sea tan vaga como para escribirlas.