Nunca en mi vida me dijeron tantas veces lo linda que estaba, lo bien que se me veía. Será, pensaba yo, que abandoné mi pelo cortísimo por una melenita cuasi carré, mi piel blanca por un leve bronceado, mi ropa aburrida del invierno, por los colores del verano. Será, pensaba yo, que el ganglio inflamado no es nada, algo psicosomático, una llamada de atención de mi cuerpo que pide descanso, algo que jode, pero sin importancia, algo que ladra pero no muerde. Pero no, resultó ser que la cosa que ladra y cada tanto muerde es un linfoma Hodgkin, un tumor que afecta a los ganglios.
Si fuera mi mamá diría que me la gente me veía linda porque soy linda de por sí, y que ni un tumor puede con eso. Pero como no soy mi mamá, sino yo, digo que un cáncer es un desafío, y que como todo desafío, a mí me estimula, y lo que estimula, embellece, ¿no?