viernes, 27 de junio de 2008

Una amiga (con quien además, comparto la oficina), y yo estamos pasando por un momento muy difícil. Para mí, es uno de los primeros reveses de la vida adulta, para ella en cambio, es uno más, porque aunque sea más joven que yo, inauguró su madurez asumiendo la pérdida de su hermano.

Esquivo decir “muerte”, y pienso que mi mamá dice que hay vidas peores que la muerte. Y digo muerte, y me doy cuenta que le sigo teniendo miedo, aunque sospecho que se siente lo mismo que lo que sentía cuando era chica y en el mar veía a lo lejos una ola grande, tan gigante que me iba a comer. Cuando pasaba y me tapaba hasta la cabeza tenía un instante de zozobra, y después la calma, el alivio de que ya había pasado y yo seguía ahí, esperando morbosamente que se acercara otra.

Mi papá y el de mi amiga están mal de salud. Ella llora cuando puede, yo vuelo e imagino mil formas de hacer la angustia más liviana. Ella me cuenta como era su papá antes de la enfermedad, y yo pienso que tanto no conozco al mío. Su padre siempre fue muy inquieto. Aunque es de origen humilde, se ocupó de que su hija fuera al mejor colegio de la zona, de llevarla a Disney, de darle a los suyos una vida confortable. Aún hoy, cuando la enfermedad le da un respiro, sueña con hacer un viaje de placer a San Bernardo, así, con este frío de locos y todo.

La imagen que tengo de mi papá, en cambio, es la de una persona que nunca fue libre. No sólo vive encerrado en su casa por su padecimiento, sino que está encerrado en su cabeza, acorralado por el miedo, y en definitiva, creo que siempre fue así. Será que tuvo una infancia difícil, será que vio cara a cara a la tragedia, que hasta lleva el temor a su aparición en su mirada celeste. Nadie debería sentirse acechado por la tristeza como él, pero ¿cómo enseñarle a alguien acostumbrado a huir, que hay otras maneras de pasar la vida?

En la intimidad de la oficina, cada tanto, mi amiga y yo nos decimos que en la vida a uno no le pasa lo que se merece. Decimos eso, pero deseamos lo otro, o cuanto menos, un descanso, una tregua.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

....un decanso, una tregua, un respiro.
yo respiro profundo cuando como a vos te da miedo algo; cuando tengo pesadillas y en ellas se acaba la vida o el mundo o se van los seres que quiero.
es respirar y disfrutar.
pensando y preguntando, nunca pude saber si la vida es justa o no. si a todos nos toca vivir o sufrir eso que merecemos.
pero con el tiempo, me di cuenta que es al pedo esas preguntas y planteos y que nunca la respuesta sera justa o me conformara. por eso, cuando a una amiga la tengo que calmar o la tengo que ayudar a encontrar alguna respuesta de esta vida, le digo que: hay que disfrutar. solamente eso.
respira profundo y disfruta. sea justo o no lo que toca.

Anónimo dijo...

me llama mucho la atencion la imagen que un hijo puede tener de su propio padre. por ahi los mismos hijos hacen opiniones distintas de ellos.
es horrible cuando un padre sufre. porq no nos imaginamos que eso pueda pasar. pero pasa. ellos nos vieron sufrir de chicos y en algun momento los vemos a ellos.
y como mis viejos cuidaron muy bien de mi cuando era chico...como hijo solo tengo que devolverles mucho amor.
muy lindo el blog este, es la primera vez que entro

jose...

Inés dijo...

Bienvenido José!

Es cierto lo que decís. Yo soy la quinta de seis hijos, y te aseguro que cada hijo tiene una opinión distinta de sus padres. Para la mayor de mis hermanas, en su infancia mi papá fue un tipo duro y estricto, mientras que para mí fue casi un abuelo. También depende de a qué gestos de una persona le das más peso. Tal vez mi papá fue igual para ambas, pero yo le di más relevancia a que me llevara a jugar a la plaza, que a un reto. Como dice Jarabe de palo, "depende, todo depende".

Cariños,
Inés

Anónimo dijo...

Puta madre, como pesa la figura paterna, que lo pario, que fuerte que son, el mio es muy chiquito, pero fuerte, fuerte.
Para mi el no es muy demostrativo, y mi hermana dice que es muy cariñoso, y se abrazan y se dan besos, yo no puedo. Cuando volvi de unas vacaciones de 3 semanas, me fue a buscar a Ezeiza, y me recibio con un abrazo de puta madre y sus ojos llenos de lagrimas, dije como me quiere el viejo, dios mio.
Me relaje.
Me gusta esto que escriben.
Besos
Yo