martes, 1 de julio de 2008

A Fidel no le gusta la pachanga


Las primeras noticias que oí sobre Cuba, se referían a los logros de su pueblo a pesar del bloqueo. La maravillosa medicina cubana, el "allá todos comen", y el "excelente nivel de educación" de los ciudadanos promedio, armaban en el imaginario argentino la idea de la utopía hecha realidad: una sociedad homogénea, donde todos tiran con fuerza del mismo carro, y soportan estoicamente los latigazos del sistema capitalista internacional, que los castiga por ser diferentes.

Después crecí, y aprendí algo de la hipocresía argentina. Muy linda la experiencia isleña, pero acá son pocos los que se bancarían vivir a garbanzos para que todos puedan acceder a un plato de comida. También me di cuenta que mientras alzamos la bandera de la democracia para criticar a la nefasta última dictadura, lloramos emocionados con el discurso de Fidel en las escalinatas de la Facultad de derecho.

Así las cosas, empecé a entender que de todos los gobiernos se pueden decir cosas buenas y malas. Sólo que "no es pa' todos la bota e' potro", y que mientras unos podrían tolerar vivir en la más completa represión (siempre y cuando tenga acceso a las necesidades básicas), otros preferimos ir por más y exigir que el Estado garantice educación, salud, vivienda, y libertad de expresión.

Al parecer, Yoani Sánchez, una cubana de 32 años, licenciada en filología, opina lo mismo. Claro que ella asume muchos más riesgos que yo, escribiendo sobre la realidad de su país a través de un blog en el que cuenta su cotidianeidad de ciudadana en un lugar donde todo - hasta los consumos - está hipervigilado. Yoani es, además, madre de un hijo, al que mantiene trabajando como guía de turismo de La Habana, y ocasionalmente como traductora de alemán. Con esos recursos y un memory stick, se las ingenia para pagar entre 6 y 8 dólares por hora la conexión a internet y subir los posts, a pesar de que varias veces han intentado hackearle el sitio.

Desde abril de 2007, cuando creó www.desdecuba.com/generaciony , las visitas se han ido incrementando, hasta llamar la atención del periódico “El País”, que decidió otorgarle el Premio Ortega y Gasset de periodismo digital. Previsiblemente, el gobierno le prohibió la salida de la isla para recibir el galardón, sin mayores explicaciones.

Esta “balsera virtual” como le gusta llamarse, ha captado la atención del mismísimo Fidel, quien en el prólogo del libro “Fidel, Bolivia y algo más”, se ocupa de descalificarla de la peor manera: no la nombra. Habla de ella pero no le da entidad, es una crítica que no existe, o que no debería existir, que parece que en Cuba, es lo mismo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hace años que me canse de escuchar:
- ¨escucha lo que dice Fidel¨
- ¨mira que bien que lleva a Cuba¨
- ¨nosotros tendriamos que tener a un Fidel¨
- ¨mira que fenomeno, mira cuanto hace que gobierna Cuba¨
miren que monarquia, que autoritarismo, que pobreza, que esclavitud.
no llore con Fidel en Argentina. no lloro cuando lo escucho hablar.
no llore cuando se enfermo.
y no lloró tampoco Cuba.

dudas:
- ¿realmente Cuba adora a Fidel?
- ¿ Realmente latino america lo idolatra?
- ¿podra mi papa algun dia escuchar y no pelearse con alguien (como yo) que no quiere a Fidel??

Anónimo dijo...

Yo creo que Fidel fue necesario en un momento determinado de la historia cubana, pero de ese entonces ya han pasado 50 años... Tal vez tu papá tenga esa imagen de Fidel, de cuando combatió el régimen de Fulgencio Batista, y de algún modo se quedó con lo bueno del pasado.