Arranca el último fin de semana largo del 2008, y tengo millones de cosas para hacer. La peor de ellas? Batallar a codazo limpio con otras personas que como yo, salen a comprar algunos regalitos para la horrible, problemática, mentirosa, navidad. Esta vez decidí sólo hacer las compras hipernecesarias, porque con la vorágine de fin de año siempre termino regalándole algo al portero, porque "le regalé al administrador, le tengo que dar algo a Jacinto, un detalle", y el 24 me doy cuenta que no tengo nada para mi mamá. En fin, supongo que todos estamos en la misma, volviéndonos locos para cumplir lo mejor posible con este estúpido ritual.Recuerdo que mis padres siempre me contaban que cuando ellos eran chicos, no existía el festejo de la navidad.
Esto es: no había gordos forros cagados de calor disfrazados de papá noel, ni música pedorra saliendo de guirnaldas colorinches, ni balas perdidas, ni gente sin ojos ni dedos por culpa de los fuegos artificiales.
No había sidra Rama Caída, ni Vittel Thoné. Ni balde de ensalada de fruta, ni "todo con mayonesa" el 25.
No había peleas porque "vamos a lo de mamá", ni hijos de padres separados con culpa por no estar con el otro, ni mamados haciendo dolorosas declaraciones a las 12 y cinco de la noche.
No había chicos sin regalos, ni adultos preocupados por no poder comprarle "ESE" juguete a sus hijos.
No había ausencias.
¿Todo tiempo pasado fue mejor? No, pero en este caso, puede ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario