martes, 21 de julio de 2009

No lo puedo creer. Hace diez minutos que estoy en línea, esperando que un imbécil me atienda, mientras su secretaria me dice: "En un segundo estoy contigo".

No boluda, vos ya me estás hablando, yo con el que necesito hablar es con el irrespetuoso de tu jefe.

Escucho que la opa le dice: YYYYY, venís? Y el otario le responde: "Un segundo", infinidad de veces. Ambas voces tienen la misma intensidad (o sea, parecen hablar desde la misma distancia, como si estuvieran uno al lado del otro), y el mismo timbre de tardones de mierda.

Dónde estás? Le sigue diciendo la golfa. "Aquí" le repite el ganso de su jefe. Mientras me pregunto cómo es que dos ecuatorianos tienen mucho de acento argentino, y cómo es que dos personas que se supone son profesionales no saben atender el teléfono. ¿No puede decirme la infeliz, que la persona que busco no está disponible, que llame más tarde? Intento decirle que no hay problema (sisi, lo hay), y que llamaré luego, pero la estúpida no me escucha.

De fondo se oye el ruido de la tele. Deben estar viendo a Tinelli.

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