A una de mis mejores amigas le pidieron en la escuela que hiciera un retrato de las personas a las que quería mucho, et ¡voilá! No sólo tengo el placer de su amistad, sino que encima ¡me encantó su trabajo! La idea debía partir de una foto y de un comentario acerca de lo que creo que debe reflejar un retrato. La imagen que yo le mandé, créanme, era super "antiayuda": Yo, gorda, pálida y pelada, en la torre Eiffel, con un sol de frente que apenas me tapa un enrejado. Por gracia del photoshop (o sea, el cariño que me tiene) me hizo pelo y usó unos colores divinos.
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